Donostia
De la meseta navarra al mar Cantábrico en menos de una hora
Salís de Ttipiaenea después del desayuno. La autopista cruza la Cuenca de Pamplona, sube despacio hacia el Belate y en algún momento entre curva y curva el verde cambia de tono: ya no es el verde seco de la meseta navarra sino el verde brillante del País Vasco, el verde que significa que el Cantábrico está cerca.
Cincuenta y cinco minutos después de salir de casa, el coche rodea un último cerro y la bahía de La Concha aparece entera, de un golpe, azul bajo la luz de la mañana. Hay gente que lleva años viviendo en Pamplona y todavía se le escapa un «ostras» la primera vez que la ve. No exageran.
El laberinto de las mejores barras del mundo
Aparcáis y entráis en la Parte Vieja a pie. Las calles son estrechas, los edificios altos y los bares abren desde las nueve de la mañana con las barras llenas de pintxos recién hechos. No hay que elegir mal: en la Parte Vieja es casi imposible comer mal.
La calle de la Pescadería, la calle 31 de Agosto, la plaza de la Constitución con sus balcones numerados —eran los palcos para ver las corridas— forman un laberinto que os entretendrá más tiempo del que creéis. Los niños se quedan mirando las barras de pintxos con los ojos abiertos. Las parejas se pierden a propósito.
Al fondo de la Parte Vieja, la Basílica de Santa María del Coro cierra la perspectiva con su fachada barroca. No hace falta entrar, aunque merece la pena: es uno de esos interiores que recuerdas aunque no seas especialmente religioso.
Los barcos que huelen a mar de verdad
El puerto de Donostia está al pie del monte Urgull, en el extremo oriental de la bahía. Hay barcos de pesca todavía activos, gaviotas que no piden permiso y una lonja donde a primera hora de la mañana los pescadores descargan lo que el Cantábrico les ha dado.
Desde el paseo que bordea el puerto, el Cristo del monte Urgull se recorta sobre el cielo. A la izquierda, La Concha se extiende en semicírculo perfecto, con la isla de Santa Clara en el centro como un punto flotante en mitad del azul. Es la postal, sí. Pero estar ahí de pie viviéndola es otra cosa.
Si el día lo permite —y en Donostia el día lo permite más veces de lo que la fama de la lluvia vasca haría creer—, los niños querrán bajar a la playa de La Concha. Llevad ropa de recambio y tiempo de sobra.
El museo donde los niños no quieren marcharse
En el Parque Tecnológico de Miramón, a diez minutos del centro, está el Museo de la Ciencia de Donostia: el Eureka! Zientzia Museoa. Doscientas instalaciones interactivas distribuidas en tres plantas sobre física, biología, matemáticas y tecnología. El tipo de museo donde puedes tocar todo.
Los niños tardan veinte minutos en entrar en modo de exploración total y no salen de él hasta que los sacáis. Los adultos también. Hay experimentos con luz, con sonido, con el cuerpo humano, con el universo. Y hay un planetario —sesiones cada hora— donde te recuestan en la silla, apagas el teléfono y el cielo de Navarra te cae encima en cuatro dimensiones.
Si tenéis niños, el Eureka! convierte el día en Donostia en algo que los pequeños van a recordar semanas. Si no los tenéis, también.
Cómo llegar desde Ttipiaenea
- Distancia85 km · 55 min por AP-15 + AP-1
- AparcamientoParking subterráneo en Zurriola o en el Kursaal
- Parte ViejaA pie desde el parking · 5 min
- PuertoPaseo del Muelle · junto a la Parte Vieja
- Eureka!Paseo Mikeletegi 43 · Parque de Miramón · 10 min en coche desde el centro
- Eureka! horarioMar–Dom 10:00–20:00 · Cerrado lunes
- Eureka! entrada~14 € adultos · ~9 € niños · Planetario aparte