Selva de Irati
El bosque que no sabe que el mundo moderno existe
La carretera sale de Ttipiaenea hacia el este y empieza a subir despacio. Pasáis por Aoiz, el valle de Lónguida y la entrada al Pirineo navarro. El río Irati aparece a la derecha y ya no os abandona: lo seguís durante kilómetros, cruzando pueblos cada vez más pequeños y más silenciosos, hasta que la carretera termina en un aparcamiento entre árboles y el bosque empieza a unos metros de las ruedas del coche.
De Ttipiaenea a las Casas de Irati hay una hora y cuarto. No es el destino más cercano, pero es uno de los que más se recuerdan.
El segundo bosque más grande de Europa occidental
La Selva de Irati es un hayedo-abetal de más de 17.000 hectáreas en el Pirineo navarro. Hayas centenarias, abetos de treinta metros, musgos en cada piedra y un silencio que no es ausencia de sonido sino presencia de algo muy antiguo. El tipo de bosque que los humanos hemos tardado milenios en aprender a leer bien.
En el centro del bosque está el pantano de Irabia: el agua quieta refleja los árboles y la luz de la mañana de una manera que hace que la gente deje de caminar y se quede parada mirando sin saber muy bien por qué. Es bonito de un modo que no necesita adjetivos.
Por el Irati pasaba el Tren del Irati, la locomotora de vapor que entre 1911 y 1955 cruzaba el bosque cargada de madera rumbo a Pamplona. Hoy los senderos siguen en parte ese trazado, y si sabéis dónde mirar todavía encontráis restos de la vía entre los helechos.
El pueblo que merece parada obligatoria
En el camino hacia la Selva de Irati, el valle de Salazar os lleva por Ochagavía: uno de los pueblos más bonitos de Navarra y uno de los más bonitos que mucha de la gente que lo visita recuerda de cualquier viaje. Casas de piedra con balcones de madera, un puente medieval sobre el río Anduña y una plaza donde el tiempo parece correr a otra velocidad.
La bajada en otoño desde el bosque hasta Ochagavía es de las que se hacen despacio: los hayas han cambiado de color, el río lleva más agua que en verano, y el pueblo huele a chimenea y a pan. Si visitáis en octubre o noviembre, el color del hayedo de Irati es uno de los mejores espectáculos naturales de la Península.
Descansa en Ttipiaenea Landetxea
La vuelta desde Irati es una de esas conducciones que se hacen solas: el valle de Salazar bajando en silencio, el Pirineo quedándose atrás, y la sensación de haber estado en un lugar que no se parece a nada que hayáis visto antes.
En hora y cuarto estáis en Ttipiaenea. La casa tiene otra luz por la tarde. La cocina espera, la chimenea está lista si la noche refresca —y en los días de Irati suele refrescar—, y la cena se merece un poco más de tiempo del habitual. Algunos días en la naturaleza tienen ese efecto: cuando llegas a casa, la casa se nota mejor.
Cómo llegar desde Ttipiaenea
- Distancia86 km · 1 h 15 min por Aoiz y la NA-172
- Parada recomendadaOchagavía · A mitad de camino, en el valle de Salazar
- Casas de IratiPunto de partida de los senderos · Aparcamiento gratuito
- Acceso en veranoLa carretera al pantano puede estar cortada · Consultar antes
- Mejor épocaOtoño (oct–nov) para los colores · Verano para senderismo
- Con pequesSí, ideal · Senderos llanos junto al pantano desde 3–4 años